sábado, 15 de agosto de 2015

Semana #2

Escuchar cómo las personas elogian mi estatura, cuello y otros rasgos que según ciertos estándares son considerados "elegantes" es algo que sucede más frecuentemente de lo que ustedes pueden pensar. Por supuesto, la verdad es que sólo me considero bastante común hablando de mi físico, no obstante, todos saben lo singular que es mi personalidad y manerismos.

Lo que no me esperaba, es que de verdad alguien hubiese querido fotografiarme, y menos para algo como lo es una actividad evaluativa.

Una querida amiga me escribió para que le sirviera de modelo para su clase de fotografía, y yo acepté de inmediato, ya que con tal de colaborarle estaría contenta, pero tenía mis dudas, obviamente por mi.

Su tarea debía llevarse a cabo mediante una cámara análoga, así que lo que resultara era sólo entre prueba y error, no había vuelta atrás.

Una vez llegué a su casa cuando apenas se había asomado el sol, me arregló y fuimos a las escenas que tenía en mente, en la Avenida Santander. Sólo me dejé guiar, y aún así fue bastante divertido.

Los transeúntes no me quitaban el ojo hasta que dejaban el lugar, hasta gente transportándose frenaba y preguntaba de qué era reina (¡Plop!), sonaban bocinas de vez en cuando, otras personas tomaban fotos también, y hasta una turista anglosajona se acercó a mi amiga "¿Para qué revista es? ¡Es hermosa!".

Cuando me mostró las fotos reveladas, yo no podía dejar de verlas, ¡no podía creer que esa misma persona era yo! Alabé sus habilidades con la cámara, su dirección, su visión, la forma en la que me decoró, ¡todo!

Lo que me respondió me sonrojó hasta la médula:

"Todo fue gracias a que tenía una excelente base".




¡Gracias!

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