No suelo ser de las personas que pasan muchos ratos caminando por la calle, aunque me declaro culpable de disfrutar de esos paseos a pié.
Luego de que una cita con amigas no hubiese funcionado, posiblemente cualquier otra persona se hubiera enojado, y regresado rechinando los dientes de la decepción. Y pues sí. Se suponía que vería una función de teatro con otras dos chicas. Pero no pude llegar a tiempo al punto de encuentro.
Sola, y abandonada (Lo acepto, fue mi culpa) me dispuse a darle uso a mis piernas, y rondar un rato sin rumbo en la Ciudad Amurallada. Vamos, para no desperdiciar el viaje. Después de todo, era viernes, era festivo, y apenas había oscurecido.
Pero para qué negarlo, fue una experiencia única. Fue aquí cuando de verdad capté que, después de todo, Cartagena tiene sus encantos como ciudad destino para los extranjeros, y lo experimenté de primera mano. Y es que hay cosas típicas, que a cualquier viajante amante de la cultura embelesaría.



No hay comentarios:
Publicar un comentario