lunes, 28 de septiembre de 2015

Semana #8



La noche del domingo se presenció un espectáculo astral que no vemos con mucha frecuencia: un eclipse de superluna, es decir una superluna que coincidió a su vez con un eclipse lunar total.

Lo más maravilloso, fue compartirlo de una manera tan inolvidable como lo hice anoche. Sheila me invitó una vez más al Hotel Bellavista, para apreciarlo en compañía de los demás huéspedes, y una vez llegó la hora, dejamos las instalaciones y cruzamos la Avenida Santander para echarnos en la playa, y apreciarlo rodeados de las olas del mar.

La brisa estaba más inquieta que de costumbre. El agua no tenía una pizca de fría, es más, guardaba un toque cálido de las temperaturas del día. Los alemanes aprovecharon para zambullirse ante la escena y fue realmente gracioso. Hasta intentaron echarme a mí también, pero me rehusé porque no llevaba vestido de baño.

A lo largo de las aproximadas dos horas que duró el eclipse, vimos cómo más gente se reunía a las orillas del mar, como cada persona sacaba algo de su tiempo para deleitarse con una demostración de lo grandiosa que es la naturaleza, y de lo increíblemente privilegiados que fuimos esta vez por poder observarle desde este punto, mientras del otro lado del mundo las personas comenzaban su rutina.

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